jueves, 25 de octubre de 2007

Dos realidades

El ser humano vive y se desarrolla en dos mundos o realidades diferentes. Un mundo exterior, comprobable por nuestros sentidos y que podemos medir, oler, tocar, saborear, etc. y un mundo interior o segunda realidad, donde vivimos nuestros sueños, angustias, desesperaciones, ambiciones, etc.

Cada uno de estos mundos es comprobable: el primero por medio de la observación, y el segundo por medio de la observación de si, o auto-observación. Obviamente la segunda realidad o mundo interior no puede ser conocida más que por el mismo sujeto, siempre y cuando se lo proponga.

En la vida, estas dos realidades se procesan simultáneamente. Por ejemplo, en una reunión podemos ver, escuchar, tocar todo lo que nos rodea, y en base a esa observación, obtener un conocimiento de ese evento. En esa misma reunión, estarán siempre presentes nuestros estados psicológicos, que son interiores e invisibles a los demás. Todos nuestros pensamientos, nuestras alegrías, nuestras tristezas, nuestras preocupaciones, etc. forman esos estados, forman la segunda realidad, nuestro mundo interior.

El Trabajo comienza cuando una persona es capaz de comprender que su vida se desenvuelve entre estados psicológicos interiores y eventos exteriores. El estudio de los eventos produce conocimiento. El estudio de los estados produce autoconocimiento.

¿Cual de los dos mundos es más real? ¿Cual de los dos mundos es más importante en nuestras vidas? ¿El mundo exterior o el mundo interior? ¿Haciendo un recuento de nuestra vida, cuál será más importante para nosotros mismos?

Una de las características de nuestro mundo interior es su invisibilidad. El Dr. Maurice Nicoll lo describe perfectamente:

“Todos podemos ver directamente el cuerpo de otra persona. Podemos ver el movimiento de sus labios, sus ojos que se abren y se cierran, las líneas de su boca y los cambios que ocurren en su rostro; su cuerpo expresándose como un todo en la acción.”

“Si pudiésemos observar el as­pecto invisible de los demás con la misma facilidad con que observamos el visible, viviríamos en una nueva humanidad. Tal cual somos, vivimos en una humanidad visible, en una humanidad de apa­riencias”.

“Todos nuestros pensamientos, todas nuestras emociones, sentimientos; toda nuestra imaginación; todos nuestros ensueños, ambi­ciones, fantasías; todos son invisibles. Todo cuanto pertenece a nuestros proyectos, planes secretos, ambiciones, todas nuestras esperanzas, temo­res, dudas, perplejidades; todos nuestros afectos, especulaciones, ponderaciones, vaciedades, incertidumbres; todos nuestros deseos, aspiraciones, apetitos, sensaciones; todos nuestros gustos, disgustos, aversiones, atrac­ciones, amores y odios; todo ello es invisible. Todo ello es lo que consti­tuye la suma de uno mismo.”

“Nadie puede ver el pensamiento. Nadie sabe lo que nosotros estamos pensando. Creemos conocer a otras personas, y toda la fantasía que te­nemos los unos acerca de los otros, forma un mundo de gente ficticia, gente que ama y que odia… Me es imposible decir que conozco a alguien, y es igualmente impo­sible decir que haya alguien que me conozca a mí.”

“Es posible que todo esto le resulte sumamente obvio al lector, pero le aseguro que no todo es tan obvio. Es algo sumamente difícil de captar… Nosotros no captamos el hecho de que somos invisibles. No nos damos cuenta de que vivimos en un mun­do de gentes invisibles. No comprendemos que antes que cualquiera otra definición que se le pueda dar, la vida es un drama de lo visible e invisible.”

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