La autoconciencia o conciencia de sí, está directamente relacionada con la atención, pero más que con la atención, con la capacidad o facultad de dirigir la atención. Por lo general la atención es atraída continuamente por una serie de impresiones provenientes del mundo exterior como sonidos, colores, movimientos, formas, etc., pero también es atraída por aspectos de nuestro mundo interior como angustias, recuerdos, planes, deseos, ambiciones, rencores, etc.
Esta atracción de nuestra atención es involuntaria, es mecánica, viene sin esfuerzos de nuestra parte, simplemente sucede y nos convierte en seres movidos por las impresiones externas e internas, separadas o juntas. Este estado hace de nosotros una especie de máquinas humanas, marionetas de las impresiones, que solo reaccionamos a lo que nos llega. Vivimos en un sueño, en el que aparentemente no tenemos opción; somos vividos por la vida, en vez de vivir la vida.
Todas las tradiciones sagradas de la humanidad, hacen hincapié en la necesidad de salir de ese estado, de despertar de ese sueño psicológico en el que vivimos; y en el Cuarto Camino, por medio de prácticas, se nos va mostrando paulatinamente esa situación, que Gurdjieff atinadamente llamó “el horror de la situación”. Sólo aquel que ha llegado a vislumbrar ese horror, es capaz de salir del mismo.
Lo más impresionante es la certeza con la que aparentemente enfrentamos la vida; sintiéndonos capaces de hacer y deshacer, cuando realmente sólo somos “entes reaccionantes”, seres que respondemos a las impresiones que nos llegan constantemente de nuestros mundos interno y externo. Aunque estemos seguros que nos hemos forjado a nosotros mismos, que vivimos la vida que nosotros hemos elegido, que nuestros logros o fracasos, son producto de nuestro mucho o poco esfuerzo, en realidad, no tenemos control sobre nuestra vida, todo nos pasa.
Aprender a enfocar nuestra atención a voluntad, es el principio del despertar. Luchar por que nuestra atención se dirija a donde lo deseemos en un momento dado y por un tiempo deseado, es el camino que lleva al despertar; pero no es fácil, hay que luchar contra todas las impresiones que nos mantienen dormidos, mecanizados.
La autoconciencia es la conciencia de ser conciente de si mismo, y comienza cuando aprendemos a dirigir y mantener a voluntad la atención.
jueves, 25 de octubre de 2007
Dos realidades
El ser humano vive y se desarrolla en dos mundos o realidades diferentes. Un mundo exterior, comprobable por nuestros sentidos y que podemos medir, oler, tocar, saborear, etc. y un mundo interior o segunda realidad, donde vivimos nuestros sueños, angustias, desesperaciones, ambiciones, etc.
Cada uno de estos mundos es comprobable: el primero por medio de la observación, y el segundo por medio de la observación de si, o auto-observación. Obviamente la segunda realidad o mundo interior no puede ser conocida más que por el mismo sujeto, siempre y cuando se lo proponga.
En la vida, estas dos realidades se procesan simultáneamente. Por ejemplo, en una reunión podemos ver, escuchar, tocar todo lo que nos rodea, y en base a esa observación, obtener un conocimiento de ese evento. En esa misma reunión, estarán siempre presentes nuestros estados psicológicos, que son interiores e invisibles a los demás. Todos nuestros pensamientos, nuestras alegrías, nuestras tristezas, nuestras preocupaciones, etc. forman esos estados, forman la segunda realidad, nuestro mundo interior.
El Trabajo comienza cuando una persona es capaz de comprender que su vida se desenvuelve entre estados psicológicos interiores y eventos exteriores. El estudio de los eventos produce conocimiento. El estudio de los estados produce autoconocimiento.
¿Cual de los dos mundos es más real? ¿Cual de los dos mundos es más importante en nuestras vidas? ¿El mundo exterior o el mundo interior? ¿Haciendo un recuento de nuestra vida, cuál será más importante para nosotros mismos?
Una de las características de nuestro mundo interior es su invisibilidad. El Dr. Maurice Nicoll lo describe perfectamente:
“Todos podemos ver directamente el cuerpo de otra persona. Podemos ver el movimiento de sus labios, sus ojos que se abren y se cierran, las líneas de su boca y los cambios que ocurren en su rostro; su cuerpo expresándose como un todo en la acción.”
“Si pudiésemos observar el aspecto invisible de los demás con la misma facilidad con que observamos el visible, viviríamos en una nueva humanidad. Tal cual somos, vivimos en una humanidad visible, en una humanidad de apariencias”.
“Todos nuestros pensamientos, todas nuestras emociones, sentimientos; toda nuestra imaginación; todos nuestros ensueños, ambiciones, fantasías; todos son invisibles. Todo cuanto pertenece a nuestros proyectos, planes secretos, ambiciones, todas nuestras esperanzas, temores, dudas, perplejidades; todos nuestros afectos, especulaciones, ponderaciones, vaciedades, incertidumbres; todos nuestros deseos, aspiraciones, apetitos, sensaciones; todos nuestros gustos, disgustos, aversiones, atracciones, amores y odios; todo ello es invisible. Todo ello es lo que constituye la suma de uno mismo.”
“Nadie puede ver el pensamiento. Nadie sabe lo que nosotros estamos pensando. Creemos conocer a otras personas, y toda la fantasía que tenemos los unos acerca de los otros, forma un mundo de gente ficticia, gente que ama y que odia… Me es imposible decir que conozco a alguien, y es igualmente imposible decir que haya alguien que me conozca a mí.”
“Es posible que todo esto le resulte sumamente obvio al lector, pero le aseguro que no todo es tan obvio. Es algo sumamente difícil de captar… Nosotros no captamos el hecho de que somos invisibles. No nos damos cuenta de que vivimos en un mundo de gentes invisibles. No comprendemos que antes que cualquiera otra definición que se le pueda dar, la vida es un drama de lo visible e invisible.”
Cada uno de estos mundos es comprobable: el primero por medio de la observación, y el segundo por medio de la observación de si, o auto-observación. Obviamente la segunda realidad o mundo interior no puede ser conocida más que por el mismo sujeto, siempre y cuando se lo proponga.
En la vida, estas dos realidades se procesan simultáneamente. Por ejemplo, en una reunión podemos ver, escuchar, tocar todo lo que nos rodea, y en base a esa observación, obtener un conocimiento de ese evento. En esa misma reunión, estarán siempre presentes nuestros estados psicológicos, que son interiores e invisibles a los demás. Todos nuestros pensamientos, nuestras alegrías, nuestras tristezas, nuestras preocupaciones, etc. forman esos estados, forman la segunda realidad, nuestro mundo interior.
El Trabajo comienza cuando una persona es capaz de comprender que su vida se desenvuelve entre estados psicológicos interiores y eventos exteriores. El estudio de los eventos produce conocimiento. El estudio de los estados produce autoconocimiento.
¿Cual de los dos mundos es más real? ¿Cual de los dos mundos es más importante en nuestras vidas? ¿El mundo exterior o el mundo interior? ¿Haciendo un recuento de nuestra vida, cuál será más importante para nosotros mismos?
Una de las características de nuestro mundo interior es su invisibilidad. El Dr. Maurice Nicoll lo describe perfectamente:
“Todos podemos ver directamente el cuerpo de otra persona. Podemos ver el movimiento de sus labios, sus ojos que se abren y se cierran, las líneas de su boca y los cambios que ocurren en su rostro; su cuerpo expresándose como un todo en la acción.”
“Si pudiésemos observar el aspecto invisible de los demás con la misma facilidad con que observamos el visible, viviríamos en una nueva humanidad. Tal cual somos, vivimos en una humanidad visible, en una humanidad de apariencias”.
“Todos nuestros pensamientos, todas nuestras emociones, sentimientos; toda nuestra imaginación; todos nuestros ensueños, ambiciones, fantasías; todos son invisibles. Todo cuanto pertenece a nuestros proyectos, planes secretos, ambiciones, todas nuestras esperanzas, temores, dudas, perplejidades; todos nuestros afectos, especulaciones, ponderaciones, vaciedades, incertidumbres; todos nuestros deseos, aspiraciones, apetitos, sensaciones; todos nuestros gustos, disgustos, aversiones, atracciones, amores y odios; todo ello es invisible. Todo ello es lo que constituye la suma de uno mismo.”
“Nadie puede ver el pensamiento. Nadie sabe lo que nosotros estamos pensando. Creemos conocer a otras personas, y toda la fantasía que tenemos los unos acerca de los otros, forma un mundo de gente ficticia, gente que ama y que odia… Me es imposible decir que conozco a alguien, y es igualmente imposible decir que haya alguien que me conozca a mí.”
“Es posible que todo esto le resulte sumamente obvio al lector, pero le aseguro que no todo es tan obvio. Es algo sumamente difícil de captar… Nosotros no captamos el hecho de que somos invisibles. No nos damos cuenta de que vivimos en un mundo de gentes invisibles. No comprendemos que antes que cualquiera otra definición que se le pueda dar, la vida es un drama de lo visible e invisible.”
El Cuarto Camino
El Cuarto Camino es una corriente para el conocimiento de sí, dado a conocer por George Ivanovitch Gurdjieff a principios del siglo XX.
A principios del siglo XX, Gurdjieff apareció en Europa portador de un conocimiento que ha sido conocido por “Cuarto Camino”, aunque el nunca lo llamó así. Cuando el hombre o la mujer comienzan a cuestionarse el porqué de la vida humana en este planeta, y sobre todo el porqué de su existencia y el objetivo de la misma, tratan de buscar un camino que les de una respuesta a esas preguntas.
Se considera que existen tres caminos que pueden satisfacer esa crisis existencial, y que llevan al despertar o “autoconocimiento” del hombre.
El primer camino es también conocido como el camino del fakir. El hombre que sigue este camino, es capaz, por medio de mortificaciones corporales de crear una poderosa voluntad que los lleva al despertar de la conciencia. Es el camino de la lucha contra el cuerpo físico
El segundo camino, es el camino del monje, y a él se acercan todas las personas que buscan el despertar basándose en la fe, los sentimientos religiosos, la oración, el ayuno, el retiro. Es el camino de la lucha contra las emociones.
El tercer camino, es el camino del yogui. Este camino se enfoca en el conocimiento basado en el intelecto; busca el despertar por medio del razonamiento, la concentración y la meditación, aunado a una serie de posturas que les permite el dominio “mente-cuerpo”.
El cuarto camino, también conocido como el camino del “hombre astuto” o del “hombre ladino”, utiliza de cada uno de los tres caminos lo que necesite en un momento dado para alcanzar el despertar; si necesita mortificar su cuerpo, lo hará; si necesita la oración y cultivar sus sentimientos religiosos lo practicará; si necesita de meditación y concentración, lo practicará; pero nunca se enfocará solo a uno de los tres caminos. Esto le permite el desarrollo armónico de todas sus funciones corporales, emocionales y mentales.
El Cuarto Camino o “Trabajo” como también se le llama, se lleva a cabo en medio de la vida cotidiana. No necesita aislamiento. Es un sistema pragmático. Se trabaja en lo que sea útil para alcanzar el despertar. De principio a fin, la enseñanza de Gurdjieff es práctica. Se ocupa de la situación concreta de nuestra existencia inmediata y lo que hacemos de ella ahora.
"El Hombre -dice Gurdjieff- no vive según su verdadero potencial humano y se satisface con una existencia meramente animal, viviendo día a día las posibilidades de su propia ilusión la cual está totalmente desconectada de la realidad." Esto produce en nosotros una sensación de vacío que inquietantemente tratamos de reemplazar con fama, riquezas y reconocimiento social, mientras a la vez se crea un abismo mayor entre el mundo externo y el mundo interno. Este gran abismo debe ser superado por medio del trabajo individual y el esfuerzo conciente. El automatismo humano no puede ser modificado a través del intelecto o por medio de un simple deseo: es necesaria una lucha intencional para mantenernos despiertos, para vivir en el presente.
El Cuarto Camino no es ni una mezcla de líneas espirituales ni una maquinación ecléctica moderna. Es, como Gurdjieff declaró, "totalmente autosuficiente e independiente de otras líneas y ha sido totalmente desconocida hasta el presente."
A principios del siglo XX, Gurdjieff apareció en Europa portador de un conocimiento que ha sido conocido por “Cuarto Camino”, aunque el nunca lo llamó así. Cuando el hombre o la mujer comienzan a cuestionarse el porqué de la vida humana en este planeta, y sobre todo el porqué de su existencia y el objetivo de la misma, tratan de buscar un camino que les de una respuesta a esas preguntas.
Se considera que existen tres caminos que pueden satisfacer esa crisis existencial, y que llevan al despertar o “autoconocimiento” del hombre.
El primer camino es también conocido como el camino del fakir. El hombre que sigue este camino, es capaz, por medio de mortificaciones corporales de crear una poderosa voluntad que los lleva al despertar de la conciencia. Es el camino de la lucha contra el cuerpo físico
El segundo camino, es el camino del monje, y a él se acercan todas las personas que buscan el despertar basándose en la fe, los sentimientos religiosos, la oración, el ayuno, el retiro. Es el camino de la lucha contra las emociones.
El tercer camino, es el camino del yogui. Este camino se enfoca en el conocimiento basado en el intelecto; busca el despertar por medio del razonamiento, la concentración y la meditación, aunado a una serie de posturas que les permite el dominio “mente-cuerpo”.
El cuarto camino, también conocido como el camino del “hombre astuto” o del “hombre ladino”, utiliza de cada uno de los tres caminos lo que necesite en un momento dado para alcanzar el despertar; si necesita mortificar su cuerpo, lo hará; si necesita la oración y cultivar sus sentimientos religiosos lo practicará; si necesita de meditación y concentración, lo practicará; pero nunca se enfocará solo a uno de los tres caminos. Esto le permite el desarrollo armónico de todas sus funciones corporales, emocionales y mentales.
El Cuarto Camino o “Trabajo” como también se le llama, se lleva a cabo en medio de la vida cotidiana. No necesita aislamiento. Es un sistema pragmático. Se trabaja en lo que sea útil para alcanzar el despertar. De principio a fin, la enseñanza de Gurdjieff es práctica. Se ocupa de la situación concreta de nuestra existencia inmediata y lo que hacemos de ella ahora.
"El Hombre -dice Gurdjieff- no vive según su verdadero potencial humano y se satisface con una existencia meramente animal, viviendo día a día las posibilidades de su propia ilusión la cual está totalmente desconectada de la realidad." Esto produce en nosotros una sensación de vacío que inquietantemente tratamos de reemplazar con fama, riquezas y reconocimiento social, mientras a la vez se crea un abismo mayor entre el mundo externo y el mundo interno. Este gran abismo debe ser superado por medio del trabajo individual y el esfuerzo conciente. El automatismo humano no puede ser modificado a través del intelecto o por medio de un simple deseo: es necesaria una lucha intencional para mantenernos despiertos, para vivir en el presente.
El Cuarto Camino no es ni una mezcla de líneas espirituales ni una maquinación ecléctica moderna. Es, como Gurdjieff declaró, "totalmente autosuficiente e independiente de otras líneas y ha sido totalmente desconocida hasta el presente."
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